He aprendido que no busco una persona que sienta al mismo nivel, sino alguien que me complete.

He aprendido que no busco una persona que sienta al mismo nivel, sino alguien que me complete, que me desborde, alguien a quien admire, por quien proclame victoria, alguien con la A mayúscula, que me vuelva adicta, competitiva, creativa y exigente. Que no me acomode, que no me “arrutine”. Una persona que me devore diariamente y que nunca sea suficiente. Necesito a alguien que tenga urgencia por vivir, y que sepa mostrarme su vida, sus éxitos, y sus innumerables fracasos, su falta de moralidad y de vergüenza, que me lo de todo porque le apetece, no porque lo merezca. Un ser humano ordinario lleno de errores que se coloquen con un perfecto engranaje en el cuadro de fallos de mi vida. Y que, en definitiva, sea alguien que no necesite darme la mano por la calle porque mi cuerpo se sostenga con su sola mirada.