Aprendí que nadie merece nuestras lágrimas, que el dolor es inevitable luego de un rompimiento,
que la queja nunca es buena,
que las promesas se dicen si uno las va a cumplir,
que los adiós duelen.
Entendí que todo es posible,
que los imposibles no existen, que es el hombre quien los crea,
que encerrarse en la habitación para gritar siempre es bueno,
que escribir sobre el dolor ayuda a dejar atrás la carga,
que las canciones a veces nos identifican,
que estar detrás de alguien que no
nos valora no vale la pena.
Aprendí que en el amor siempre hay un poquito de dolor.